La Casa Valtorta se encuentra localizada en Viareggio, con el número 257 de la gran calle central “Via Antonio Fratti”, a unos pocos metros de la intersección con la “Via Leonardo da Vinci”. Los visitantes pueden entrar hasta el cuarto mismo de María, que es el primero a la izquierda de la planta baja, pasando por la entrada principal.

Todo visitante que repita la visita después de la renovación efectuada entre los años 2001-2002, bien podría llegar a pensar que todo ha sido cambiado, o incluso transformado, pero nunca podrá decir que tan solo una cosa haya sido distorsionada, deformada. De hecho, gracias a estos cambios la casa podría muy bien haber recuperado una parte de su aspecto original, que se suponía databa de 1924, cuando Valtorta adquirió la propiedad y se mudó allí desde Florencia.

En ese año, María, hija única, tenía 27 años. Su padre, Giuseppe Valtorta, Oficial de Caballería, era un hombre de 62 años, que ya once años antes se había jubilado por razones de salud. La madre, Iside Fioravanzi, que había sido profesora de francés, era un año mayor que su marido. No ricos, sino pertenecientes a un nivel suficientemente acomodado, amueblaron la casa con los muebles de aquella época, que habían traído consigo a su paso por los frecuentes traslados, amén de efectos que  eran objetos familiares y recuerdos de las ciudades en que habían vivido. Probablemente pusieron cortinas nuevas, que ciertamente no se han conservado, y rehicieron los pequeños tapizados. La casa, que se compone de dos plantas, no es grande, pero sí lo suficientemente cómoda para las necesidades de ese tiempo. María la encontró muy de su gusto, tal como la habría deseado, y permaneció unida a ella durante toda su vida.

Al caer enferma en el año 1934, el salón de la planta baja se adaptó para convertirlo en su dormitorio. Al año siguiente, un mes antes de la muerte del padre de María, Marta Diciotti llegó a la casa, para hacerse cargo de todos los servicios necesarios, y se instaló en la habitación de cuidados, con una cama sin respaldo (Marta era una mujer de baja estatura) que fue colocada en la pared derecha del cuarto. Al otro lado de esa pared, en el comedor contiguo, se dispuso una cama para la madre de María cuando su edad y debilidades exigieron su cuidado asiduo. Así que, de esta manera, la casa quedó adaptada según los nuevos requerimientos, y algunos objetos resultaron demasiado engorrosos, como el piano, que fue vendido.

La señora Iside murió en 1943. Al año siguiente, en abril, María y Marta tuvieron que abandonar la casa obedeciendo al desplazamiento impuesto por la guerra y se trasladaron con parte de los muebles, a Sant’Andrea di Compito. Regresaron en diciembre y vieron que la casa permanecía tal como estaba antes, sin daños, todo estaba bien.

Las dos mujeres estaban solas, y concluyeron que no necesitarían la planta superior, que constaba de dos dormitorios y una pequeña habitación con balcón. En verano, tal como solía hacer la gente de Viareggio, decidieron alquilar estas habitaciones para los bañistas, y de esta forma, los ingresos de tan solo unos pocos meses terminaron siendo la única fuente de ingresos para todo el año. Pero estos recursos, cada vez menores, no impidieron a María y Marta vivir con dignidad en la casa que era su única riqueza. Después de la muerte de María Valtorta, que murió en su cuarto aquella mañana del 12 de octubre de 1961, se inició un período de mayor seguridad financiera para Marta Diciotti, heredera de todos los derechos de autoría de María, y así, en el transcurso de los años, poco a poco pudo hacer varios trabajos en la casa, de la cual ella era la única beneficiaria. Instaló el sistema de calefacción de gas natural, que podía renovarse, colocando la caldera en la pequeña cocina y luego los radiadores en cada habitación de la planta baja y la planta superior. Luego tuvo que quitar la vieja estufa de hierro fundido que, en la escalera, ocupaba el pequeño paso entre la puerta del dormitorio de María y la puerta del comedor.  Marta  construyó un cuarto de baño en el pequeño patio (llamado “jardín”) que quedaba en la parte trasera de la casa, para que la puerta de salida al jardín (en la escalera) se convirtiese en la puerta para entrar en el cuarto de baño. Así que la casa, que tenía un único cuarto de baño disponible, colocado al subir la escalera en el medio camino entre los dos pisos, disponía ahora de dos baños, pero para lograrlo había tenido que reducir a la mitad el ya minúsculo “jardín”.

Fue Marta quien instaló la televisión y equipó toda la casa con electrodomésticos, colocando en el comedor una nevera ya que no había espacio en la cocina. También cambió la lámpara de araña del comedor por otra más de su gusto, y en la planta de arriba se preparó una habitación para ella, con una cama de hierro pintado y un armario lacado. Tenía un gran respeto por la habitación de María, que permanecía intacta, con la cama siempre limpia y protegida con papel de celofán. En la parte superior de la cama, colgó el retrato al óleo hecho en 1963 por Lorenzo Ferri, realizado a María como agradecido homenaje hacia la escritora mística. Todo lo demás en la habitación quedó tal como estaba a la muerte de María, con la adición de algunos pequeños ornamentos como signo de especial devoción. Pero en las otras habitaciones de la casa, Marta colocaba libremente cajas y objetos que tenía como regalo o que consideraba útiles o meramente agradables.

Marta Diciotti vivió en la casa Valtorta durante sesenta y un años, treinta y cinco de los cuales pertenecen al período comprendido después de la muerte de María. Hospitalizada el 19 de octubre de 1996, por fractura de fémur, nunca regresó a esa casa, excepto para visitarla unas cuantas veces. Después de su rehabilitación en el hogar de ancianos Barbatini, Bicchio, decidió quedarse en la clínica ubicada en el piso superior de ese mismo asilo.  La Casa Valtorta permaneció vacía y los viejos daños causados ​​por la humedad, que la atención diaria de Marta había logrado sostener u ocultar, empezaron a extenderse por la vivienda. El yeso había comenzado a hincharse y caer en diferentes puntos, las baldosas del piso estaban cada vez más sucias.

La Curia General de la Orden de los Frailes Siervos de María, legítima dueña de la propiedad por voluntad de María Valtorta, fue informada del estado en ruinas de la casa. Después de la visita del Tesorero General, la Curia General decidió vender la casa al Centro Editorial de Valtorta, quien aceptó la oferta. El contrato de compra-venta fue firmado el 26 de febrero de 1998, en Roma. (Se descubrió más tarde que esa fecha representaba el 50 aniversario de un hito importante en la historia de Valtorta. El 26 de febrero de 1948, el Papa Pío XII recibió en audiencia a un grupo de tres Religiosos Servitas que querían hablarle de la obra sin precedentes de María Valtorta).

Marta Diciotti exhaló su último aliento el 5 de febrero de 2001, justo después de cumplir 90 años. En el verano de 2001, por respeto a ella, que había conservado los derechos de usufructo, se decidió que las obras de restauración y las diversas transformaciones comenzarían después de su muerte. La degradación de la casa fue tan mala que la pared detrás de la cama de María Valtorta (que había sido retirada, junto con todos los otros muebles) estaba goteando agua. Marta jamás habría tolerado ver esto: su casa completamente vacía, sin puertas ni ventanas, el yeso de las paredes desmoronado, los acabados derruidos, y los suelos desnudos y arruinados. Esta era la condición en la que se veía el primer piso de la casa, tras la primera fase de las obras de renovación. Lucía exactamente como una casa en construcción (o una casa esperando a ser demolida). De hecho, era necesario empezar las obras  partiendo de las bases, desde sus propios cimientos, era necesario comenzar en ese punto para llegar a renovar esta casa, de esa manera se aseguraría la construcción, aislándola adecuadamente de la tierra arenosa mediante una losa, lo que crearía un espacio vacío entre el suelo y los cimientos. Incluso el tratamiento de deshumidificación de las paredes fue necesario hacerlo desde los cimientos de la casa.  Desafortunadamente, no fue posible reutilizar las viejas baldosas para cubrir el suelo de la planta baja, que fue reconstruida utilizando azulejos que, aunque eran nuevos, eran del mismo material, con dibujos y colores como los originales. Sin embargo, sí se conservaron los azulejos recuperados, y tratándose de las baldosas del dormitorio de María Valtorta, los constructores tuvieron la iniciativa de limpiarlas con gran dedicación y volver a montarlas ensamblándolas sobre una plataforma, a manera de artefacto colocado sobre el nuevo piso.

En cuanto a la habitación de la planta superior, esta no presentaba ningún problema, ya que ni los pisos ni el yeso necesitaban ser restaurados, sólo requerían de una limpieza. Sin embargo, durante la limpieza de tres techos abovedados, los obreros encontraron algo realmente sorprendente.

Después de raspar la calesa, aparecieron varias decoraciones y figuras típicas de las casas de Viareggio de principios del siglo XX. Nadie, ni siquiera Marta Diciotti había hablado sobre ellos. La suposición más espontánea era que la estricta señora Iside, antes de mudarse con su esposo e hija a su nuevo hogar, habría ordenado a un pintor de casas que cubriera esos dibujos ridículos. Nadie sabía que el techo escondía un tesoro de modo que los dibujos nunca fueron descubiertos hasta ahora, ni siquiera durante los repintes periódicos de la casa pudo nadie sospechar de su existencia.

Nadie sabía con certeza qué hacer con ellos. Volverlos a cubrir habría sido vergonzoso, pues en Viareggio algunos antiguos dueños de las casa intentaban sacar los antiguos estilos a la luz, y, por otro lado, restaurarlos con todo su detalle significaba incurrir en gastos no programados. Con un esfuerzo asombroso, los trabajadores votaron por la segunda solución. En la actualidad, las tres habitaciones de la planta superior de la casa Valtorta tienen sus techos decorados con hermosas figuras, paisajes y serpentinas que incluso han servido como referente ideal para seleccionar los colores de las paredes La noticia de las baldosas recuperadas ayudó también a implementar otro cambio, esta vez se trataba de un cambio sin duda radical. Los dos tramos de las escaleras de mármol, que conectan la planta baja con la superior fueron iluminados por una suave luz procedente de una ventana en forma de media luna decorada con vidrio amarillo dentro de un marco radial. La ventana estaba situada en la esquina superior de la pared trasera y no se podía abrir. Pues bien, se optó por duplicar ese semicírculo, para transformarlo en un círculo completo de vidrio de color, para así repetir el patrón de la antigua puerta de vidrio que se encuentra en la planta baja, la misma puerta hoy restaurada, que todavía se ve dividiendo el pasillo de la escalera. Además de iluminar la habitación aún más, esa ventana, ahora rosada, concede al ambiente un toque sagrado, algo que tal vez incluso la misma María Valtorta podría haber deseado y amado.

La cocina y los baños, en cambio, fueron las piezas que sufrieron el cambio más radical. Esta vez, los encargados de la restauración pensaron que no valdría la pena renovarlos, debido a que ya habían sido restaurados durante los años anteriores, y además porque las personas que cuidaban de la casa necesitaban mantenerlos en continuo funcionamiento y en grado de óptima eficiencia. Además, tenemos que recordar que la cocina y los baños son externos a la casa. Constituyen una adición a la parte posterior de la casa, aun cuando, debido a la presencia de varios corredores que se interconectan, no lo parezcan. La pequeña cocina, que está conectada a la sala de estar (donde la lámpara original ha sido del todo restaurada), es ahora una estancia moderna y elegante. El enorme sistema de calefacción fue quitado (ahora la calefacción es proporcionada por una pequeña caldera estándar, ubicada fuera de la casa) y reemplazado por un mueble que estaba en la escalera, donde el pasillo al pequeño patio (que llamaban “huerta”) había estado bloqueado.

El pasillo que lleva hacia el patio, aquel que Marta había cerrado para construir el cuarto de baño después de la muerte de María, fue reabierto producto de la demolición de una parte del baño, y convertido en un lavabo de estilo simple, al que se puede acceder a través de la escalera. Para hacerlo, los constructores ampliaron el lavabo superior hacia el exterior y lo transformaron en un baño muy apropiado.

La casa en sí no sufrió cambios severos. Las puertas y ventanas, luego de haber sido reparadas y cuidadosamente limpiadas, fueron recolocadas en los mismos lugares que tenían antes de la restauración. Las piezas restauradas de algunos muebles pueden al fin verse de nuevo dentro de las iluminadas habitaciones, refrescadas por estos nuevos aires. Los visitantes ahora encuentran una casa más luminosa y acogedora, con un adecuado toque de elegancia y buen gusto, que evoca los tiempos de la familia Valtorta, gracias a sus bellos muebles y objetos.

Al entrar en la habitación de María, el visitante es sacudido por la visión de su cama colocada en una plataforma corta, hecha con los azulejos que los constructores recuperaron del piso original. Sobre la cama cuelga un retrato y de pie encima de este retrato está un Cristo crucificado pequeño, el mismo que yacía sobre el cuerpo de María durante la exposición. A cada lado de la cama hay una mesa de noche con su respectiva lámpara, una pequeña mesa con una radio y otra pequeña mesa con un teléfono: estos son los objetos y útiles que había sido dispuestos al alcance de María en su enfermedad. Frente a la cama, todavía se encuentra el armario espejado en el que María guardó sus manuscritos, este mueble hoy en día guarda varios libros y objetos. Las sillas originales todavía están allí, pero algunos muebles han sido eliminados. El inodoro está arriba, dentro de la habitación que históricamente le corresponde. El escritorio de trabajo está en el pasillo, con el libro de firmas que yacía sobre la cama de María. La pequeña cama de Marta, vuelta a tapizar, fue trasladada a la planta superior. En las paredes, ahora más libres y espaciosas, hay paneles y pinturas. Dos pequeñas vitrinas, una cerca de la cama y la otra fuera de la habitación, ubicadas en la pared en frente de la puerta, muestran recuerdos personales que una vez estuvieron dispersos por todas partes. Para mayor comodidad, hemos hecho más espacio dentro de la habitación de María Valtorta con el fin de que cada visitante pueda encontrar el espacio que necesita para, esencialmente, recordar y meditar.

 

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casa_valtorta_1Está permitido visitar tanto la casa como la habitación de María Valtorta. Los paseos por la casa son dirigidos por la señora Anna Matteoni.
Si desea programar una visita por adelantado, solo tiene que contactar llamando al siguiente número telefónico: +39 349 3916137.
La admisión es totalmente gratuita.

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